lunes, 14 de abril de 2014

Cómo tener un iPhone y no ser robado en el intento


Para nadie es un secreto que en Venezuela la inseguridad aumenta día a día y nos perjudica a todos. Casi todos los días nos enteramos de historias tipo "a fulanito le robaron el teléfono en la camionetica", "a menganito le quitaron el celular en el metro" y pare usted de contar. 

Ante tantos cuentos que escuchamos por ahí, cuando llega la hora de salir a la calle nos da miedo. Sobre todo si vivimos en la capital y vamos pasando por Plaza Venezuela o la Avenida Baralt y a ese teléfono el da por recibir una llamada. Muchos sudamos frío y preferimos dejar que se reviente ese teléfono antes de tener que sacarlo. Otros, más audaces, se arriesgan y contestan rápido "¡Aló! ¡ok ok ok! te llamo después que estoy en la calle", con el corazón a mil. Y es que contestar un iPhone 5s en pleno centro de Caracas  podría considerarse un deporte extremo: arriesgamos la vida. nos llenamos de adrenalina y miedo, es algo que no muchos se atreven a hacer, etc. 

Pero el venezolano se las ingenia ante las adversidades, muchos ante el miedo de perder algo que les costó bastante comprar (sí, muchas personas venden su cupo electrónico en tres lochas y después les toca pagar 50 mil y hasta 60 mil bolívares por el celular de sus sueños, pero ese es otro tema), tratan de salvaguardar el aparatico en los lugares más recónditos de sus humanidades. Otros optamos por tener un "perolito" o "pote" para sacrificarlo si tenemos la dicha dentro de la misma desdicha de toparnos con malandros apurados o no muy corridos en el "arte" de robar.

Esto me recuerda la vez en que casi pierdo mi querido iPhone 4S en Plaza Venezuela, mi perolito se había dañado semanas antes y no me había dado chance de comprar otro, era diciembre y había que hacer colas larguísimas para prácticamente todo. Bueno, ese día quedé en encontrarme con mi novia en Centro Comercial El Recreo. Había llegado temprano, por lo que decidí quedarme en Plaza Venezuela y caminar hasta allá. Pero sorpresa, recibo una llamada de mi novia. Ella insistió e insistió por lo que decidí ser "audaz" por unos segundos y le contesté "ya voy en camino". No pasaron ni 30 segundos desde que saqué mi teléfono del bolsillo hasta que lo volví a guardar. ¿Cuál es mi sorpresa? un malandro que venía en dirección opuesta vio el celular y me comenzó a perseguir. Me paré a hacer una cola en un cajero donde habían uno militares, pero sin darme cuenta se fueron antes de poder decirles algo. Miré en uno de los vidrios tipo espejo que tenía el banco a ver si el personaje se había asustado con los militares, pero nada, se había sentado en unas escaleras cerca del banco a esperarme. 

El corazón me latía a mil por segundo, trataba de pensar cómo iba a hacer para salir ileso de ese atolladero. Hasta que un haz de luz pasó por mi mente: recordé que en el Bulevar de Sabana Grande había un operativo especial de seguridad por las navidades y sin pensarlo dos veces salí corriendo (gracias a Dios el semáforo que está entre la torre Lincoln y el inicio del bulevar estaba en rojo y pude pasar de una). Apenas entré al bulevar vi a dos policías, me les paré al lado y volteé de inmediato para percatarme de que mi persecutor huía despavorido. Me quedé 10 minutos ahí parado, solté un gran suspiro y me fui, eso sí, volteando cada 10 metros para estar seguro de que no me seguían.

Apenas llegué al Recreo le comenté lo sucedido a mi novia y le dije: "hoy me compro un perolito". Y así hice, después de comer me calé una cola de dos horas, pero me hice con un comodín muy importante para tratar de tener un iPhone y no ser robado en el intento.     

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